La huella psicológica del coronavirus

Tras algo más de un mes de confinamiento, el Gobierno central y las autoridades autonómicas se centran ahora en preparar la desescalada, es decir, las medidas que permitirán el ansiado regreso de la ciudadanía a la normalidad. Sin embargo, antes de hacerlo deberíamos ser conscientes de la huella psicológica que dejará el Coronavirus en la población española, especialmente entre los sectores más vulnerables, y de las herramientas que disponemos para mitigarla.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las epidemias biológicas siempre van acompañadas de alteraciones en tres frentes: las propiamente biológicas, las psicológicas y las sociales, de modo que la estabilidad mental y emocional, a nivel personal, familiar y social están y estarán en situación de riesgo a medida que se vaya produciendo el regreso a la normalidad.

Además, si nos guiamos por el análisis de las pandemias y otras grandes catástrofes colectivas, es muy previsible que asistamos a un incremento de la incidencia de diferentes tipos de desajustes mentales en mayor o menor medida. La incertidumbre y el miedo, reacciones normales frente a cualquier situación de estrés e incertidumbre grave y/o sostenida, pueden producir un incremento del malestar emocional y psíquico cuya manifestación e intensidad dependerá de la experiencia individual previa que tenemos y de los factores de vulnerabilidad.

El cambio de rutina que impone el confinamiento preventivo puede generar irritabilidad, frustración, estrés, tristeza, desanimo, cansancio y/o ansiedad provocada por la ruptura de la rutina y lo normal es que esto se exprese de manera distinta en cada persona. En un número importante de sujetos el estrés derivará en alteraciones anímicas y con diferentes niveles de ansiedad.

Por tanto, la salud mental de las personas se verá más afectada en sectores de población más vulnerables como los profesionales que trabajan en centros hospitalarios y residencias, nuestros mayores, los familiares que han perdido a un ser querido o aquellas personas que por tener ingresos más precarios van a requerir niveles adicionales de apoyo económico, social y psicológico. En las personas que trabajan en centros hospitalarios y residencias los síntomas psicológicos apuntados con anterioridad pueden presentarse como conductas de evitación, de estigmatización, de culpa, impotencia, angustia obsesiva e incluso síntomas depresivos y patologías diversas.

Las secuelas psicológicas y sociales van a seguir presentes cuando finalice el estado de emergencia y se estima que su incidencia será alta, pudiendo llegar a afectar a más de un 25% de la población, tanto a corto como a medio y largo plazo. Una revisión de 24 estudios sobre psicología de las cuarentenas, elaborada por investigadores del King’s College, y publicada en la revista The Lancet en marzo de 2020, concluye que, incluso tres años después del aislamiento, se reportan episodios de estrés postraumático: Informe The lancet. Asimismo, un reciente estudio, realizado por la Sociedad China de Psicología, encontró que “un 42,6% de 18.000 ciudadanos chinos analizados presentaron síntomas de ansiedad relacionada con el coronavirus. Un 16,6% de 14.000 examinados mostraron indicios de depresión en distintos niveles de gravedad”.

Se estima que entre una tercera parte y la mitad de la población expuesta podría sufrir alguna manifestación psicopatológica, según la magnitud del evento y el grado de vulnerabilidad. Por tanto, es previsible, tal y como apuntaba anteriormente, que se incrementen las depresiones, la ansiedad y el estrés postraumático.

Las buenas noticias son que disponemos de algunas orientaciones psicológicas que pueden ayudar a mitigar los efectos del confinamiento y el período posterior, como por ejemplo:

·       Establecer espacios y horarios diarios.

·       Diseñar rutinas para todos los miembros de su familia.

·       Incluir actividades físicas pero también de formación y aprendizaje.

·       Centrarse en el momento presente, en el aquí y ahora.

·       Es el momento de observar, escuchar, comprender y tolerar.

·       Ocuparse en aprender, resolver, y ayudar a los suyos y a los demás, si se puede

·       Buscar consejos prácticos sobre técnicas de manejo del estrés.

·       Manejar y gestionar adecuadamente las emociones. Procurar reducir los pensamientos negativos incluyendo otro tipo de información que equilibre el pensamiento y nos proporcione tranquilidad.

·     Potenciar aquellas conductas que nos vinculen como la solidaridad, el apego, el interés, la alegría, la serenidad. Sentir que otros se beneficiarán de lo que hacemos conseguirá que las situaciones estresantes sean más fáciles de soportar.

·       Comunicarse y acompañarse con los demás.

·      Filtrar la información que nos llega de los medios de comunicación y redes sociales ya que ejercen una poderosa influencia en las actitudes y es necesario que la información sea clara y objetiva.

·       Acudir a un profesional de la psicología colegiado, si lo necesitamos.

Debemos ser conscientes de nuestra vulnerabilidad, pero también de que cuando esta situación haya acabado habremos superado un gran reto. Su recuerdo y aprendizaje se grabará en nuestro cerebro como una muestra más de nuestra capacidad de superación de la crisis, lo que psicológicamente se define como resiliencia. 

Además, es importante destacar que existen terapias psicológicas que tienen sobrada evidencia para ayudar en la resolución de estos problemas y de ahí la necesidad de mejorar la atención psicológica que prestan las instituciones tanto en la situación de confinamiento actual como durante la desescalada posterior. Es necesario establecer planes de acción para atender eficaz y eficientemente el aumento de demandas que en este sentido se producirán. Para evitar la cronificación y anticiparnos a dramáticas secuelas psicológicas es imprescindible una mayor presencia de profesionales de la psicología en nuestro sistema sanitario, en la red de atención a personas mayores y otros colectivos vulnerables, ya que es una necesidad incuestionable y una acción responsable.

Como consecuencia de esta corresponsabilidad solidaria que debemos tener todos, el Colegio oficial de Psicología de Cantabria ha activado una línea telefónica de asistencia psicológica con el número 942941469 para atender la salud psicológica de la población y la de colectivos con mayor nivel de riesgo ante esta situación de emergencia. Por otro lado, en la web del Colegio Oficial de Psicología de Cantabria, https://copcantabria.es/, se encuentran guías y orientaciones psicológicas. El objetivo está siendo tratar de prevenir las secuelas de las situaciones que estamos sufriendo y evitar daños mayores a futuro.

Francisco Javier Lastra Freige.

Psicólogo, Decano del Colegio Oficial de Psicología de Cantabria y Miembro del Foro Sanitario Profesional de Cantabria.

 

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